Privacidad
Última actualización: 25 de agosto de 2026
Disciplicando guarda algo más delicado que la mayoría de las aplicaciones: lo que una persona escribe sobre su propia vida con Dios. Esta página explica, sin rodeos, qué guardamos, quién puede verlo y qué puedes pedirnos.
Lo esencial, en cinco líneas
- Lo que escribes en tu estudio bíblico solo lo ves tú. Ni tu disciplicador, ni tu pastor, ni un administrador pueden abrirlo desde la aplicación.
- Nadie ve cuántas veces intentaste un cuestionario. Tu disciplicador solo se entera cuando lo pasas.
- No hay rastreadores de terceros. Ni Google, ni redes sociales. Ninguno.
- Nunca vendemos ni alquilamos tus datos. A nadie, por ningún motivo.
- Puedes pedir tu información o que borremos tu cuenta escribiendo a disciplica@juan316.com.
1. Qué guardamos
Cuando aceptas una invitación: tu nombre, tu correo, tu fecha de nacimiento y la iglesia u organización que te invitó. En tu perfil puedes agregar después tu teléfono, tu país, tu sexo y una foto.
Mientras estudias: en qué lección vas, tus respuestas del estudio bíblico, tus respuestas del cuestionario con su calificación e intentos, y qué videos o audios abriste y hasta dónde llegaste.
Datos técnicos de uso: el tipo de aparato, el tamaño de la pantalla, el idioma de tu navegador y el país desde el que entras. Sirven para saber si la aplicación funciona bien en los aparatos y las conexiones que la gente realmente usa —muchos de nuestros usuarios están en zonas con señal débil— y para nada más.
Lo que no guardamos: tu contraseña. Nunca la vemos; se guarda cifrada y ni siquiera nosotros podemos leerla. Y nuestros registros de uso borran automáticamente cualquier contraseña, código de invitación o dato de sesión antes de escribirse.
2. Lo que escribes en tu estudio bíblico es tuyo
Esta es la parte más importante de toda la página.
Cuando respondes las preguntas de un estudio bíblico, escribes cosas personales: dónde te cuesta, qué estás entendiendo, por qué estás pidiendo. Esas respuestas están protegidas de manera que solo tú puedas abrirlas. La aplicación las pide siempre en nombre de la persona que inició sesión; no existe forma, dentro de la aplicación, de pedir las de otra persona.
Tu disciplicador no lee tus respuestas. Lo que sí ve es tu avance: en qué lección vas, qué porcentaje del estudio llenaste, y si ya aprobaste el cuestionario.
Y tampoco ve cómo llegaste ahí. Si reprobaste el cuestionario dos veces antes de pasarlo, tu disciplicador no se entera: para él aparece cuando lo apruebas, con la calificación con la que lo aprobaste. Los intentos que no aprobaron no se le muestran.
Nos pareció importante que fuera así. Equivocarse mientras uno aprende es parte de aprender, y nadie estudia con libertad si siente que está siendo calificado por cada tropiezo.
Si quieres que tu disciplicador sepa algo de lo que escribiste o de lo que te costó, se lo cuentas tú. La aplicación no lo hace por ti.
Aclaración
Tus respuestas viven en nuestra base de datos, guardadas junto al identificador de tu cuenta. La protección es real —la aplicación no tiene ninguna puerta para que otro usuario las abra— pero no es un escondite: el personal técnico del ministerio, que administra y respalda la base de datos, tiene los accesos necesarios para hacerlo y podría leerlas.
Ese acceso está restringido y requiere autorización del nivel más alto del ministerio, caso por caso y solo por una razón técnica concreta. Nadie puede entrar a mirar por curiosidad, ni por iniciativa propia.
Ese acceso se usa solo para mantener el sistema funcionando. No leemos los estudios de nadie, y ninguna decisión sobre una persona —ni una promoción, ni una certificación, ni una conversación pastoral— se toma leyendo lo que escribió.
Preferimos decirte esto con claridad antes que prometerte una imposibilidad técnica que no existe.
3. Quién ve qué
| Tu nombre, correo y teléfono | Tu avance y cuestionarios aprobados | Tus intentos fallidos | Tus respuestas del estudio | |
|---|---|---|---|---|
| Tú | Sí | Sí | Sí | Sí |
| Tu disciplicador | Sí | Sí | No | No |
| Administrador de tu iglesia | Sí | Sí | No | No |
| Cualquier otra persona | No | No | No | No |
Tu disciplicador ve tu nombre, tu correo y tu teléfono porque los necesita para buscarte, escribirte y acompañarte — eso es el discipulado. El resto de tu perfil no aparece en su pantalla.
4. Menores de edad
Disciplicando se usa en iglesias, y en las iglesias hay jóvenes. Eso exige un cuidado especial, y se lo damos.
En cualquier país: cuando una persona menor de edad va a usar Disciplicando, el disciplicador que la invita debe hablar antes con su padre, madre o tutor, explicarle qué es la plataforma y qué se guarda en ella, y contar con su permiso. La mayoría de edad se toma según las leyes del país donde vive la persona.
En los Estados Unidos, además, hay una regla específica: la ley federal COPPA regula los datos de menores de 13 años y exige un consentimiento verificable de los padres. Por eso, en los Estados Unidos no abrimos cuentas a menores de 13 años. Para ellos, el discipulado se hace de manera presencial y con materiales impresos.
Si eres padre, madre o tutor y quieres ver lo que hay en la cuenta de tu hijo, el camino más corto no somos nosotros: es la iglesia. Habla con su disciplicador o con quien dirige el ministerio ahí. Ellos conocen a tu hijo, nos conocen a nosotros, y nos van a contactar.
Lo primero que vamos a pedir es que sea tu hijo quien te lo muestre. Se lo pide su disciplicador, alguien que lo conoce, y queda avisado desde el principio de que si no lo hace, tú vas a poder entrar. Un muchacho merece esa oportunidad antes de que alguien decida por él.
Si no lo hace, te enviamos un enlace para que tú mismo pongas la contraseña de esa cuenta. Nosotros no vemos ni manejamos contraseñas, ni las tuyas ni las de nadie. Con eso entras, ves lo que hay, te lo llevas si quieres, y decides si pides que la cuenta se desactive o que se borre.
Pedimos la fecha de nacimiento al registrarse precisamente para saber cuándo aplica todo esto.
5. Con quién compartimos datos
Con nadie que quiera venderte algo. Pero la aplicación se apoya en cuatro servicios para funcionar, y es justo que sepas cuáles:
| Servicio | Para qué | Qué recibe |
|---|---|---|
| Supabase | La base de datos, las cuentas y los correos de invitación y de contraseña | Todo lo que guardamos |
| Vercel | Donde vive el sitio | Las peticiones normales de una página web |
| Bunny | Desde donde se entregan los videos y los audios | La petición del archivo |
| api.country.is | Saber de qué país entra la visita | La dirección IP, sin nombre ni cuenta |
Ninguno de los cuatro usa tus datos para publicidad.
También entregaremos información si una autoridad competente nos lo exige por ley. Si eso ocurre y podemos avisarte, te avisamos.
6. Lo que no hacemos
- No vendemos ni alquilamos datos personales. Nunca, a nadie, por ningún precio.
- No hay rastreadores de terceros. Ni Google Analytics, ni píxeles de redes sociales, ni nada parecido. Las estadísticas de uso son nuestras y se quedan en nuestra base de datos.
- No usamos cookies para seguirte por otros sitios. Lo único que se guarda en tu aparato es lo necesario para mantener tu sesión abierta y para que la aplicación funcione sin Internet.
- No entrenamos modelos de inteligencia artificial con lo que escribes.
Sobre la publicidad. Hoy Disciplicando no muestra publicidad de ninguna clase. Si algún día decidimos aceptar el apoyo de organizaciones cristianas afines para sostener el ministerio, lo diremos aquí antes de hacerlo, y ya podemos comprometernos a tres cosas: no entregaremos tus datos a ningún anunciante, no habrá anuncios dirigidos a ti según lo que hayas estudiado o escrito, y ningún anunciante podrá poner rastreadores dentro de Disciplicando.
7. Lo que descargas a tu aparato
Cuando descargas una lección para estudiarla sin Internet, ese material queda guardado en tu aparato, ligado a tu cuenta. No se sube a ningún lado.
Si cierras sesión, se borra. Es a propósito: así el material no queda accesible para quien tome el teléfono después de ti.
8. Cuánto tiempo guardamos las cosas
Mientras tu cuenta esté activa, guardamos tu información para que puedas seguir donde la dejaste y para que tus certificados sigan siendo válidos.
Irse no es lo mismo que borrar. Si dejas el discipulado —te mudas, cambias de iglesia, lo dejas por un tiempo— tu cuenta se desactiva y tu contenido se conserva, para que el día que vuelvas sigas donde lo dejaste. Eso es lo que hacemos por defecto, y no borra nada.
Si lo que quieres es que borremos tus datos, pídelo con esas palabras. Entonces borramos tu información personal y tus respuestas dentro de los 30 días siguientes. Es irreversible: no hay copia, no hay papelera, no hay «deshacer». Queda un registro del hecho sin tu nombre, sin tu correo y sin tu identificador —solo que una cuenta de esa organización se borró, cuándo y por qué— para las estadísticas del ministerio.
9. Qué puedes pedirnos
Tus respuestas ya son tuyas y no tienes que pedírnoslas. En cada lección, el visor del estudio tiene un botón para descargar lo que escribiste, con tus respuestas dentro. También puedes imprimirlo o enviártelo por correo. Hazlo cuando quieras, sin avisarnos — y hazlo antes de pedir que borremos la cuenta, porque después no hay vuelta atrás.
Escribiendo a disciplica@juan316.com puedes pedir:
- Ver toda la información que tenemos de ti.
- Corregir lo que esté equivocado.
- Borrar tu cuenta y lo que hayas escrito.
Antes de entregar nada, confirmamos que eres tú. Te escribimos al correo con el que está registrada la cuenta y esperamos tu respuesta desde ese mismo correo. Si no podemos confirmarlo, no entregamos la información — y eso también te protege a ti, porque impide que alguien pida tus datos haciéndose pasar por ti.
Si eres padre, madre o tutor y pides los datos de un menor, mira la sección 4: el camino empieza en la iglesia.
Te respondemos dentro de los 30 días. No cobramos por esto y no hace falta que expliques el motivo.
10. Si esta página cambia
Cuando cambiemos algo importante, cambiamos la fecha de arriba y lo avisamos dentro de la aplicación. No cambiamos las reglas de manera silenciosa.
11. Contacto
Escribe en español o en inglés, como te sea más cómodo.